La Sala Gaudia

(Artículo de opinión publicado en Huelva Buenas Noticias el 12 de julio de 2017)

En la calle Palos de la Frontera de nuestra capital encontramos un pequeño espacio fuera de lo normal, un peculiar oasis de valentía y emprendimiento en medio de un conocido desierto en el que solo unos pocos apuestan por la excelencia, por la mejora continua y por la búsqueda de una sociedad que se supere cada día. En lo que aparentemente es solo un espacio de trabajo y un lugar de atención al público dentro de una actividad tan aparentemente áspera como es el asesoramiento en materia económica y jurídica, la firma Gaudia ofrece cada día una imagen distinta de esa cultura empresarial a la que nos han acostumbrado con demasiada frecuencia.

Y es que aunque nos encontremos en una época de constante crecimiento de un nuevo modelo en el que la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) se encuentra en plena efervescencia, no es fácil descubrir en nuestra ciudad y dentro de esta materia un proyecto empresarial como el de la Sala Gaudia Fotografía, nacida en el primer trimestre de 2016 y un claro ejemplo de esfuerzo por crear y aportar procurando, por encima de todo, llenar huecos vacíos de nuestra sociedad mediante el compromiso adquirido con el entorno.

Las instalaciones de Gaudia Asesores se han convertido desde entonces en una sala de exposición permanente en la que se van sucediendo muestras fotográficas de gran nivel, de manera que los clientes pueden disfrutar durante su espera con una actividad cultural y los aficionados a este arte tienen un punto de referencia al que pueden acudir sin que ni siquiera sea necesario ser cliente de la firma.

En Huelva, la apuesta por una iniciativa así no suele ser aceptada como un comportamiento normal y positivo e incluso puede llegar a ser considerada como poco práctica, inconsciente o demasiado cargada de idealismo. La Responsabilidad Social Corporativa de las empresas, tan en auge y desarrollada ya en otros lares, da aún sus primeros pasos en una ciudad de provincias como la nuestra y aún más si hablamos de un proyecto tan sui géneris como el de la Sala Gaudia Fotografía y su aparente poco beneficio tangible para sus promotores. Es más, me atrevería a afirmar que incluso pasado un tiempo, cuando este tipo de iniciativas tomen más auge y se asuma su importancia para las empresas, aún será complicado que en una ciudad como la nuestra se valore este empeño con especial ahínco.

La labor que desarrolla la firma dirigida por Francisco Muñoz y Roberto Fernández toma su verdadera dimensión dentro de las teorías sobre RSC que confirman la utilidad y la necesidad de estas acciones, pero adquiere su valor más visible si la encuadramos en nuestro entorno y, por ejemplo, en el poco apoyo que desde las instituciones se ofrece a este tipo de proyectos innovadores y con un grado de altruismo tan elevado. En las inauguraciones de cada una de las exposiciones ya se ha venido comprobando el alto nivel de aceptación de las mismas a nivel de calle y el poco interés mostrado por políticos e instituciones. No esperaba mucho más y, a pesar de ello, me felicito por poder disfrutar de una idea tan elogiable al mismo tiempo que mantengo la esperanza de que algo cambie en el futuro en nuestras instituciones.

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El orgullo de la tercera España

(Artículo de opinión publicado en Huelva Buenas Noticias el 28 de junio de 2017)

El camino de regreso desde Sevilla en un cálido atardecer de junio impulsa mis pensamientos, volante en mano, mientras alguno de mis pequeños tesoros dormita en el asiento de atrás. El carril, flanqueado por conos de plástico anaranjado y una leve reflectancia, obliga a mantener la tensión sobre la carretera algo más de lo habitual mientras voy superando lentamente kilómetros de esa vía rápida que también fue una vez, allá en los ochenta del pasado siglo, un sueño de los onubenses, convertido en realidad cerca ya de 1992.

A 80 kilómetros por hora, los pensamientos solo se interrumpen levemente por los ligeros frenazos anunciados por las luminarias traseras de los vehículos que me preceden y por la necesidad de esquivar un cono tumbado surgido en la semioscuridad de esta A-49 que se nos mutila a los onubenses cada tarde de multitudinario regreso desde las playas para miles de hispalenses. Mi mente recorre esos otros sueños que labramos durante años y que ahora, víctimas nosotros de nuestro propio conformismo, hemos dejado olvidados, convencidos de que no se conseguirán.

Huelva es víctima de la España de las dos velocidades,en la que determinados territorios logran históricamente privilegios y avanzan a nivel económico y social mientras el resto tarda en alcanzar esos mismos logros por mor de la voluntad política y, en algunos casos, con el aval de la condescendencia de los ciudadanos. Pero en nuestra provincia, diferente en lo bueno y en lo malo, el fenómeno muestra una vuelta de tuerca más, hasta convertirnos en representantes de una tercera España que ni siquiera atisba los avances del futuro cuando los territorios menos privilegiados van alcanzando esas metas que antes alcanzaron los de la primera España.

Y en esta triste realidad, representada en una tarde de cálido domingo por unos conos que convierten la autopista en una carretera que ni siquiera permite adelantamientos, por mi mente corren promesas de AVE, de altos rascacielos a modo de estación, de aeropuerto, de conexiones a Cádiz tornadas en circunvalación del vecino, de la vieja Huelva-Zafra convertida en motor de nuestra economía o de una rápida autopista uniéndonos con Badajoz.

La vieja Onuba vive mientras tanto paradójicamente orgullosa de sus cosas. De su Recre, de su Rocío, de sus playas, de su puestas de sol, de su fandango y de su beso al Atlántico… Es algo así como el orgullo de la tercera España, un lugar donde los sueños rotos ni siquiera admiten ya el remiendo de la esperanza mientras continuamos conformándonos, como Robert Kincaid en la exquisita Los puentes de Madison, con la felicidad efímera que nos provocaron nuestros anhelos: “Los viejos sueños fueron buenos sueños; nunca se cumplieron pero me alegro de haberlos tenido”.

El gran pequeño tratado

(Artículo de opinión publicado en Huelva Buenas Noticias el 12 de junio de 2017)

Carmen Ramos ha vuelto a hacerlo. En su nuevo poemario, que se publicó en septiembre pasado y fue presentado en Huelva hace solo unos días, pone de nuevo su corazón a la vista de todos, desnudándose por dentro y respirando tranquilidad mientras los demás disfrutamos de sus sentimientos y de la paz que transmite su poesía. En Pequeño tratado de etología, un libro sencillo como ella misma, la poetisa vuelve a mostrar una calidad literaria fuera de toda duda, dejando atrás ahora esa herida abierta que supuso hace ya muchos años la muerte de su padre y que inspiró y sirvió para desarrollar, bastante tiempo después, su anterior libro: Las estrellas han hallado otra forma de morir.

En la escritora olontense encontramos a una autora no excesivamente conocida pero que sorprende por una poesía diferente. Personalmente, nunca me gustó asistir a recitales poéticos porque muy a menudo encuentro en ellos demasiados fuegos de artificio, con poetas que quieren ser más protagonistas que sus versos no solo cuando se sientan ante el público sino también antes, cuando se encuentran en solitario ante el papel. En este caso, al contrario, nos encontramos una poesía sosegada, sincera y repleta de sentimiento.

En Carmen Ramos se unen un corazón agradecido y un alma inquieta. Es corazón agradecido hacia sus seres queridos, a los que dedica el encanto de sus versos, y es alma inquieta capaz de observar el mundo que tiene a su alrededor y dedicar un poema a una tarde de verano, a la cajera del Bershka o a un terrible atentado que nos conmueve. En Pequeño tratado de etología, una vez cerrada literariamente hablando la herida de la muerte, asistimos a una continuación de su trayectoria vital bajo el punto de vista que Carmen sabe utilizar para observar el paisaje que tiene a su alrededor, para contemplar la vida que transcurre a nuestro lado cada día. Y convierte así lo cotidiano en arte, que parece sencillo pero que es algo que solo puedes hacer cuando tu mirada es artista, cuando tu corazón nació creativo y cuando tus manos, con el bolígrafo y en un papel, es capaz de modelar nuestro entorno y transformarlo en palabras hermosas que además, vaya cóctel, te llevan a la reflexión.

Pequeño tratado de etología, que nos llega de la mano de Lastura y dentro de la colección Alcalima, es un compendio de imágenes, de fotografías fijas que nos encontramos en nuestro entorno, que nos encontramos cada día. Paisajes y detalles que vemos a diario pero para los que no tenemos nunca un minuto libre en el que descubrir su belleza. El agua, las nubes, un coche abandonado, la lluvia en el cristal, una bolsa al viento, un libro manchado de café, una calle a medianoche, un paraguas retorcido por el viento, una mosca… Todo eso es poesía aunque para darnos cuenta de ello necesitemos que Carmen Ramos, a través de este nuevo libro, nos lo muestre. Y este jueves, 15 de junio, volvemos a disfrutarla en Huelva en el Bar 1900 a partir de las 21 horas.

La polémica de Líberos

(Artículo de opinión publicado en Huelva Buenas Noticias el 26 de mayo de 2017)

El anuncio hace unos días por parte de la Trust de Aficionados del Recreativo sobre la inscripción en el Registro de Asociaciones de la Junta de Andalucía del colectivo denominado Líberos del Decano generó de inmediato una nueva movida en el entorno recreativista. Lejos de ser un movimiento sin posibles consecuencias, este nuevo paso en un momento tan delicado para la entidad puede traer consigo problemas que podrían no haberse valorado en su justa medida o, incluso, haberse obviado.

La Federación de Peñas mostró de forma inmediata su desacuerdo y aunque desde la Trust se reaccionó explicando que los peñistas eran plenamente conocedores de la creación de esta nueva asociación desde hace unos meses, la asociación que preside Narciso Rojas ha pasado por alto en sus intervenciones públicas en estos días algunos aspectos que pueden tener una importancia suprema.

Así, el pasado martes día 16 la asociación explicaba a través de un comunicado que durante la campaña de salvación de 2016 las entidades recaudadoras firmaban un documento al recibir las aportaciones, comprometiéndose en él a hacer que las mismas “se transformasen, por la vía estatutaria o accionarial, en derechos de los participantes en lo que llamamos las grandes decisiones dentro del club”. Sin embargo, en el mencionado documento, que actuaba a modo de recibo para quien entregaba el dinero, no se especificaba eso que ahora indican sino, textualmente, el compromiso de “solicitar al R.C. Recreativo de Huelva SAD la compensación de la deuda adquirida por el depositario a cambio de acciones de la citada entidad mercantil”. El compromiso al que alude ahora la Trust sí aparecía en algunos de los documentos informativos sobre la campaña, pero es falso que estuviese incluido en el que se firmó individualmente a cada una de las personas o entidades que realizaron aportaciones a la campaña.

Existe una importante y muy sensible diferencia entre lo firmado y lo que ahora se explica y que, como ya digo, sí fue incluido en los folletos iniciales de la campaña pero no se firmó en los correspondientes recibos. Para poder participar en las grandes decisiones del Decano no es suficiente con poseer un reducido número de acciones y ni Trust ni Federación de Peñas tienen en su mano conceder tal privilegio por otra vía, algo que evidentemente solo reside en el futuro dueño de la entidad. Haberse comprometido a ello, si entendemos que lo incluido en aquellos folletos supone un compromiso cerrado, podría considerarse cuando menos muy arriesgado o incluso cercano a lo utópico.

Además, resulta llamativo que la Trust haya asegurado por activa y por pasiva en diversos medios de comunicación (por ejemplo, a través de su presidente en ‘La Jugada’ de Huelva de Canal Sur Radio de este pasado 22 de mayo) que se está insistiendo en que en el pliego de condiciones para la venta del Decano y en los propios estatutos de la entidad aparezca una serie de obligaciones para el posible futuro comprador, sin importar que ello pueda ser tomado como una cortapisa inaceptable por alguien interesado en entrar en la entidad en un momento en que la llegada de varios millones de euros es la única salida para la viabilidad de la sociedad. El presidente de la asociación se refiere a esas condiciones como la forma en la que el club albiazul salda la deuda que tiene con la afición a pesar de que esa masa social del Recreativo no ha autorizado en ningún momento, salvo en el caso de una muy pequeña parte de ella a través de las asambleas de la Trust, que se lleve a cabo de esa manera tan sui géneris.

La asociación, a través de su presidente, se erige así una vez más en los medios de comunicación como portavoz del recreativismo pese a que aglutina a solo unos tres centenares de aficionados, a que solo logra reunir a muy pocas decenas de ellos en las asambleas y a que la Trust, si hablamos de lo recaudado en la campaña de salvación, solo es depositante de una parte de los euros.

El denominado Informe sobre derechos de decisión, un documento que incluye entre sus páginas los estatutos de la asociación Líberos del Decano, establece un “decálogo de grandes decisiones” que deben quedar, en opinión de los miembros de la Trust, en manos de la afición, incluyéndose desde las pequeñas modificaciones o adaptaciones que se quisieran introducir al escudo hasta, incluso, “el nombramiento del presidente del Club” (sic).

Con todo ello e intentando resumir, la realidad actual es que quienes realizaron aportaciones para la salvación se encuentran ahora, aunque haya quienes deseasen recibir las acciones prometidas, que se les cambia ese derecho reconocido en el recibo de la campaña por la mera pertenencia a una asociación que, eso sí, pretende que se le otorgue poder de decisión o, en su defecto, ser algún día accionista del Decano.

En esa asociación, según sus estatutos, los derechos adquiridos por quienes hubiesen aportado decenas de miles de euros se equiparan, en lo que a poder de decisión se refiere y en virtud a la máxima ‘un socio, un voto’, a los de quienes hayan aportado solo 25 euros. A su vez, la modificación de esos estatutos exige un acuerdo por mayoría absoluta, con lo que si alguno de los más generosos participantes en la campaña de salvación no estuviese de acuerdo con este sistema de decisiones tendría muy complicado hacer valer los derechos recogidos en su recibo ante un número mucho mayor de socios, y por tanto de votos, que hayan realizado aportaciones menores.

Tampoco tendrán mucho que hacer, pese al indudable peso específico que tuvieron en la superación de las dificultades del pasado 30 de junio, si quieren evitar que en nombre de su aportación se intenten poner trabas a las decisiones que pudieran tener planeadas los interesados en la compra de la entidad albiazul para hacer un Recreativo más rentable pensando en la pronta recuperación de lo invertido, ya que desde la Trust, antes incluso de la primera reunión de Líberos del Decano, se está presionando para imponer diez medidas en nombre de una afición integrada por varios miles de personas.

En definitiva, difícil lo tienen quienes no deseen que se pongan en su nombre condiciones que pudieran frenar a posibles compradores por el riesgo que ello supone para contar con los 8 o 10 millones de euros que son necesarios a corto plazo, quienes no deseen poner su aportación a la campaña al servicio de una asociación, o quienes simplemente quieran ejercer su derecho a convertir su deuda en acciones que unir en el futuro, por ejemplo, a las de otros accionistas minoritarios de su entorno. La asociación Líberos del Decano no nace, ni mucho menos, al gusto de todos e incluso exige ya contraprestaciones por la deuda sin haberse convocado aún ni una reunión en la que puedan decidirlo sus supuestos socios: los acreedores.

Rocío Márquez, en el firmamento

(Artículo de opinión publicado en Huelva Buenas Noticias el 3 de mayo de 2017)

Rocío Márquez se ha consagrado ya como uno de esos grandes talentos que nuestra tierra suele ofrecer, sin una periodicidad fija pero sin dejar nunca de sorprendernos, para el deleite general de todos. Convertida en una artista de primer nivel, ha traspasado nuestras fronteras y ha logrado dejar una impronta que invade los escenarios y que, lejos de sembrar indiferencia, sacude el patio de butacas allá donde actúa.

Rocío es grande por su talento y por su esfuerzo. Si solo tuviese talento, sería grande ya solo por él; y si su única cualidad fuese derrochar esfuerzo continuo por mejorar cada día, también sería así de grande. Es artista por el fruto del talento natural y de la cultura del esfuerzo que le inculcaron desde pequeña en el seno de su familia, entre sabios consejos de sus padres, Manolo y Charo, y con el apoyo, sin duda, de su hermana mayor.

La joven cantaora onubense recorre el mundo siendo bandera del flamenco, con mayúsculas, y dejando siempre algo de Huelva en cada escenario. Rocío atraviesa fronteras para revelarse como una de las reinas actuales de un arte reconocido como Patrimonio de la Humanidad, rompiendo esquemas para crear y diseñar un aire nuevo pero siendo capaz al mismo tiempo de elevar al cielo el flamenco más puro en cada comparecencia, guiada por el alma, como solo los mejores saben hacerlo. Y así ha abierto puertas y ha encontrado el triunfo en los grandes templos de la música.

Rocío de voz sublime; Rocío de buena nueva para el flamenco. La misma Rocío que ahora alcanza el firmamento con un nuevo disco titulado precisamente así, Firmamento, y que sigue trazando un camino nuevo e inexplorado. Los temas del álbum sorprenden, como ya ocurría en El Niño, aportando sonidos diferentes para los cantes de siempre, sin perder esos orígenes que Rocío ha llegado a conocer tan bien con muchos años de estudio y de ese esfuerzo por mejorar del que antes hablaba. Pero la sorpresa ya no es un sentimiento desconocido para quienes hemos tenido la oportunidad de escuchar desde sus inicios a esa niña de corazón grande que ahora sube de nuevo, como ya hizo tantas veces, al Firmamento. Y vuelve a sorprendernos.

Los electores y Trump

(Artículo de opinión publicado en Huelva Buenas Noticias el 10 de febrero de 2017)

La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de América ha provocado un importante revuelo en la opinión pública mundial y ha girado miradas inquietas hacia la nación más poderosa del mundo. De forma inesperada y sorteando las dificultades de alcanzar la cima del poder sin ser considerado, al menos bajo los cánones más ortodoxos, un político al uso, el nuevo mandatario ha roto con todas las previsiones y se ha convertido en el máximo exponente de la metamorfosis que está sufriendo nuestra sociedad en los últimos años.

La llegada al poder de Trump no puede ser considerada como un hecho casual. Al contrario, el millonario neoyorquino ha seguido el camino que en los últimos años ya abrieron otros inesperados nuevos políticos que encontraron el favor de los electores a niveles menos relevantes que el ahora presidente norteamericano pero ofreciendo, como él, una ruptura con el estilo de hacer política existente. El fenómeno, además, no es nuevo, pues ya en épocas más lejanas también llegaron al poder dirigentes que no ofrecían a priori esa forma de gobernar no sujeta, por llamarlo de algún modo, a los cánones habituales.

Los ciudadanos desean una nueva gobernanza y son los políticos, los profesionales del poder, los que no están respondiendo a una demanda cada vez más numerosa de una población hastiada por la continua degeneración de la política. Y lo peor de todo no es esa falta de respuesta sino lo que la misma representa. Los políticos de toda la vida no toman las riendas ante esa nueva demanda social, probablemente porque no puedan ofrecer un cambio sin resquebrajar por completo un sistema de partidos con un abundante clientelismo que, por otro lado, les mantiene a ellos en su estatus.

Con todo, se antoja un futuro inestable ante un clima de desencanto e incluso de cierta confrontación que no es, ni mucho menos, exclusivo de algunos territorios. Al contrario, la pérdida de confianza en los dirigentes es ya un fenómeno global que tiene en episodios recientes la confirmación de que es necesario un cambio de rumbo. La subida en número de votos de grupos que ofrecen al elector un mensaje de ruptura, el desinterés por la política o el inesperado revés que el éxito del ‘brexit’ ha supuesto para el gobierno británico, son ejemplos de ello.

Lo peor de este deseo de cambio en un amplio sector de la sociedad no es el propio deseo en sí, evidentemente justificado por los hechos, sino la resistencia que la extensa clase política actual está ofreciendo al mismo. Cada vez estoy más convencido de que la ruptura social será aún mayor teniendo en cuenta que estos últimos años, de claro acercamiento de los ciudadanos a iniciativas alternativas no siempre fiables, no han desembocado en un cambio en el político tradicional sino en un claro enroque en sus posiciones de privilegio y de elevado gasto, no acordes con la realidad social contemporánea.

Adiós, hermano Esteban

(Artículo de opinión publicado en Huelva Buenas Noticias el 7 de diciembre de 2016)

Se fue y nos dejó su recuerdo. Nos dejó también horas de enseñanza que hoy regresan a mi cabeza mientras se me escapa una sonrisa y se me llena el alma de tristeza. Quiero volver, aunque solo sea un momento, a ese pupitre y a esa aula sobria pero llena de la calidez de nuestra adolescencia. Recuerdo aquellos días sentado frente a él mientras derrochaba ese innato entusiasmo por la docencia que no siempre agradecíamos como debiéramos. Y le recuerdo ante una pizarra repleta de números y fórmulas que luego, en vísperas de Navidad, se apartaban gustosamente para abrirle hueco a su tradicional dibujo del Nacimiento, realizado con tizas de colores y con un buen pedazo de cariño en una hermosa muestra de arte efímero.

Querías, Esteban, que fuésemos cajón de sastre, porque siempre es útil tener un martillo aunque no sepas cuando vas a necesitarlo. Querías también que subiésemos el nivel, ése que la gente de la calle imaginaba tan alto en nosotros, aunque no fuese del todo cierto. Y nos llenabas la mente de números de la misma forma que antes habías hecho con la pizarra, logrando que me apasionasen aún más esos cálculos infinitos. Curioso, pues nunca había oído hablar de los logaritmos neperianos hasta que tú los mencionaste.

No olvidaré nunca aquellas clases, cuando quizás no sabíamos disfrutar del todo de la felicidad de ser joven, pero tampoco olvidaré nunca tu rostro triste aquel día en el que, tras bastante tiempo sin ir por el colegio, algo me impulsó a acudir a una cena informal en la que te despedías de tus antiguos alumnos y de tu querida Huelva. Te dolía mucho marcharte y ahora es a nosotros a quienes nos duele que te hayas marchado…

Recuerdo un aula con azulejos celestes y ventanucos a un pasillo que parecía infinito. Recuerdo aquellas vistas a una casa que parecía encantada, en un colegio que era casi todo nuestro mundo. Y te recuerdo a ti, subido a la tarima frente a nosotros mientras apenas éramos capaces de percibir lo maravillosos que eran esos años. Gracias, hermano Esteban, por formar parte de ellos y gracias por tu empeño. Huelva también te tiene en el corazón tal y como tú la tenías a ella. Descansa y disfruta, donde quiera que se encuentre ese lugar que ahora habitas y al que todos aspiramos. Ah, y no te olvides, claro, de darle un saludo de mi parte al hermano José Ramos.

Frustración

(Artículo de opinión publicado en Huelva Buenas Noticias el 8 de noviembre de 2016)

La rocambolesca temporada que está viviendo el Recreativo, por obra y mor de la gestión del tristemente célebre Pablo Comas, ofrece giros que pese a llegar como lógica consecuencia de todo lo que está ocurriendo en la entidad no pierden por ello su capacidad de sorprender. Cada vuelta de tuerca en medio de esta situación límite supone un rasguño más en el corazón de los buenos recreativistas que, algunos sí, presentan ya un considerable currículo de esfuerzos en pro del Decano.

En la grada del Nuevo Colombino, o al menos en una parte demasiado grande de la misma, comienza a surgir una fuerte exigencia empeñada en conseguir resultados por la vía rápida y que busca culpables, un domingo sí y otro también, a la por ahora nefasta singladura deportiva del primer equipo albiazul sin caer en la cuenta que la misma, más que culpables cercanos, tiene en la figura del anterior dirigente su principal, si no única, razón de ser.

Lo que debería ser una temporada deportiva centrada en dar calor al cuadro onubense para no caer en situaciones aún más dramáticas se convierte en una trayectoria analizada desde los parámetros normales que rigen cualquier otro club de fútbol, sin que el entorno parezca tener en cuenta en su análisis que la entidad albiazul no se encuentra bajo esos parámetros y sí en una situación desesperada, inmerso desde hace mucho tiempo en causa de liquidación obligada y pendiente de un largo y minucioso trabajo de reconstrucción en el que cualquier mínimo traspié puede dar al traste con la llegada a buen puerto.

Y así, bajo esos parámetros normales que la afición también percibe, se oye que en fútbol a los entrenadores los echan los resultados y que por eso se ha destituido a Alejandro Ceballos y se destituirá a Juan Manuel Pavón si los marcadores no acompañan, sin que llegue a entenderse que el Decano no funciona debido a un problema de mucho mayor calado que incide de manera decisiva sobre todo lo demás y que una variación en el rumbo no depende, por tanto, de la salida de estas personas. Buena parte de la grada, en su falta de información, ya ha comenzado a pitar a sus jugadores o a dictar sentencia sobre quiénes son los culpables, señalando a este nuevo entrenador, a los futbolistas o incluso (sic) a unos maniatados consejeros que al aceptar sus cargos ya han demostrado bastante grado de locura o de un recreativismo que no está lejos de ser sinónimo de eso mismo.

En la grada del Nuevo Colombino se hablaba, hace solo diez días, de la soñada fase de ascenso e incluso ahora ya son muchos los que hablan de jugadores que sobran y de fichajes en enero, sin que nadie les haga reflexionar sobre lo complicado que está resultando y va a resultar levantar el embargo y, más tarde, generar ingresos suficientes ni siquiera para el día a día. Ahora mismo, incluso, todos parecen dar por hecha la cercana venida de un adinerado inversor dispuesto a saldar muchas deudas en un plazo extraordinariamente breve sin apenas meditar sobre el futuro. Y tampoco desde dentro se les hace ver que, aunque la salvación es posible, todo sigue siendo muy complicado y que arrimar el hombro sigue siendo fundamental.

Se buscan culpables cercanos en el espacio y en el tiempo y se piensa ya en soluciones a base de talonario, olvidando que el único culpable ya no está dentro de la entidad y que estamos inmersos en una carrera contrarreloj hasta volver a encontrar dinero en las cuentas bancarias. Culpable solo hay uno, aunque tuviese o aún tenga colaboradores y palmeros y aunque algunos de los que tomaron café con él ahora lo tomen, presumiendo de un nuevo y más puro recreativismo, con los nuevos responsables. Y solución solo hay una, que pasa por crear el mejor ambiente y las mejores condiciones posibles para la llegada de un gran capital. Todo lo demás vuelve a ser una venta de humo.

La falta de información al aficionado genera expectativa de vivir una temporada mejor y provoca más tarde frustración cuando las cosas no van bien. Al mismo tiempo, esa frustración crea un mal ambiente general en el club y en todo su entorno que puede acabar volviéndose en contra del propio Recreativo, de sus dirigentes, del recreativismo e incluso de la alcaldía de la ciudad, que puede encontrarse con seguidores del Decano pidiendo unas soluciones por la vía rápida que difícilmente pueden ser atendidas en esta situación de extrema gravedad y a una plantilla de profesionales harta de sentirse en el objetivo sin ni siquiera ser parte del problema. Ojalá nada de esto ocurra porque ello será señal de que desde el club y desde el propietario se ha cambiado de dinámica y se ha sabido inculcar tranquilidad y paciencia, mucha paciencia.

Mi amigo el nudista

(Artículo de opinión publicado en Huelva Buenas Noticias el 25 de octubre de 2016)

Mi amigo es nudista. Y probablemente lo sea de toda la vida. Nunca me lo ha dicho pero seguro que es nudista de toda la vida. El otro día, mientras paseaba entre las dunas, me encontré a mi viejo amigo. Sí, al nudista. Estaba tomando el sol plácidamente y, claro, miré apresuradamente para otro lado. Y es que mi amigo, por lo visto, gusta de irse a la playa y tomar el sol como su madre lo trajo al mundo, sin avisar antes a sus amigos de que él es nudista. Y no, eso no tiene nada de malo. No tengo ninguna duda, faltaría más. Pero uno no está acostumbrado a encontrarse a su amigo así, con todo lo que cuelga, y hablarle de cualquier cosa. Porque es que, claro, si te lo encuentras jugando al ajedrez y no sabías que era ajedrecista, pues le preguntas por ello, le hablas de cómo lleva la partida, elogias su último movimiento o el jaque que acaba de dar… Y si te lo encuentras en la cola del cine -y cuando digo cola me refiero a una fila de personas- pues le preguntas qué película va a ver o incluso le recomiendas otra que tú ya has visto.

¿Pero qué le dices si te lo encuentras desnudo? ¿Le haces referencia a lo que está haciendo y a lo que se le ve o simplemente hablas con él como si nada, como no dándote cuenta de que está sin ropa? Y si optas por lo segundo, por hablar del tiempo u otros temas banales, ¿hacia dónde miras? ¿Y si se te va la mirada hacia abajo, ya entonces sí le sacas el tema o sigues hablando de las olas tan grandes que hay en el mar?

Sé que son problemas de mi edad y, quizás, de mi generación. Pero yo, y espero que sepan perdonarme, prefiero encontrarme a mi amigo en el Holea y preguntarle qué está comprando y dónde piensa comer algo. Allí, si le pregunto qué hace, me dirá que está comprando tal o cual prenda o, simplemente, que está “echando el sábado”. En la playa y en la situación antes descrita, en cambio, si le pregunto “¿qué haces?”, lo más probable es que me responda “¿pues no lo ves?”. Y ahí, sin duda, tendría que darle la razón aunque, maldita educación sexual que nos dieron, lo hiciese ruborizándome.

Sin que el viento la lleve

(Artículo de opinión publicado en Huelva Buenas Noticias el 11 de octubre de 2016)

Volar. Volar sin esperar a que el viento te lleve. A ras de suelo, apreciando los detalles, pero también en las alturas, tratando de alcanzar lo inalcanzable, lo aparentemente tan lejano y complicado. Imagino que los sueños, cuando te mueves en silla de ruedas, pueden parecer a veces cimas inalcanzables y que incluso un sencillo sendero, de arena sin asentar, se convierte en un obstáculo insalvable.

Volar y no esperar a que el tiempo pase por tu lado, sin respuestas. Avanzar, buscar razones, disfrutar momentos, sentir… ¡Vivir! Su pequeño vehículo se le quedó pequeño para tanto afán de superación, para tanta ansia y tanto espíritu inquieto, para elevar unos sueños enormes, los suyos, al infinito. Y encontró un lugar, junto a toda esa gente que la quiere y que la impulsa, para gritar al mundo y expresar desde el corazón sus ilusiones, sus sentimientos y sus anhelos, dándole hermosa forma a todas sus inquietudes.

Leo que Lorena Bogado, esa joven heroína que se entremezcla con nuestra vida diaria en las calles de Huelva, va ya por el tercer libro publicado. Leo, preocupado y con ciertas dosis de estrés por no encontrar un tema para mi artículo de opinión, que esta onubense ilustre sigue volando mientras el resto nos afanamos en solucionar, como si no tuvieran sencilla solución, nuestros pequeños problemas cotidianos. Lorena vuela alto y tras mostrarnos su amanecer, sus cartas y su propio camino, prepara ya su cuarto libro mientras nosotros dejamos pasar los pequeños grandes momentos de nuestra vida. Permíteme, joven, que me descubra ante ti.